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domingo, 7 de septiembre de 2014

Uruguay en el Lugar 80 del Indice Global de Competitividad

Hace exactamente 5 años, comentaba la aparición de la edición 2009-2010 del Indice Global de Competitividad en este post. Uruguay había alcanzado en ese entonces el puesto 65.
Esta semana se publicó la edición 2014-2015 del índice, en la web del World Economic Forum. Uruguay está en el lugar 80.
En mi post de hace 5 años explicaba los fundamentos sobre los que se calcula el índice, que se basa fuertemente en los resultados de una encuesta realizada a 100 líderes empresariales de cada uno de los países participantes, por parte de una institución local "socia" del WEF. En Uruguay, esa tarea la realiza la Universidad ORT.

Los resultados de este año 

Como pueden ver en la primera tabla, una vez más Suiza resulta el país más competitivo, y de los 10 primeros hay al menos 4 que uno podría afirmar que son pequeños países. Varios incluso con territorio mucho menor que Uruguay.


Una cuestión interesante es que no hay cambios en el "club de los 10 mejores" en relación a los dos años anteriores. Es más, el podio se ha mantenido idéntico (Suiza-Singapur-Finlandia) durante los tres últimos años. 
Esta estabilidad es consistente con el hecho de que el índice intenta medir cuestiones estructurales, de mediano plazo, con un enfoque sistémico, donde no hay cambios drásticos.

Veamos ahora América Latina. Aquí si hay algunas noticias interesantes.   Chile sigue, por lejos, siendo el que rankea mejor, le sigue Panamá que ha caído algunos lugares, y luego muy pegados, Costa Rica, Brasil y México. Tenemos que seguir bastante más abajo para encontrar a Uruguay, que es superado también por Perú, Colombia y Guatemala. Es decir, en la carrera de la competitividad estamos en un discreto lugar en el pelotón del medio, no solo del mundo (80 en 144) sino también a nivel regional (el lugar 9). 


La evolución de Uruguay en el Ranking

He aquí la evolución de la posición de Uruguay en el ranking en todos estos años:


Es decir: podemos alegrarnos porque subimos 5 lugares (si comparamos con el año anterior), o podemos mirar con una perspectiva más pesimista y observar que estamos peor que cualquier año desde 2006, excepto el año pasado. 
Lo cierto es que en los últimos 3 años Uruguay ha estado entre 11 y 15 lugares más abajo de su mejor posición, que fue la N° 63 y se dió en 2011. 

Intentando Explicar la Evolución de Uruguay

Como explicaba hace 5 años, el GCI es la suma ponderada de los tres subíndices: Requerimientos Básicos, Mejoradores de la Eficiencia y Factores de Innovación y Sofisticación. 
La idea es que si un país está muy poco desarrollado lo más importante son los Requerimientos Básicos (en el sentido de que debe priorizar esos temas para avanzar hacia el desarrollo). Si un país tiene un desarrollo intermedio, entonces lo más importante son los "Mejoradores de la Eficiencia" y si "juega en primera división", lo importante es la innovación y sofisticación. 

El WEF clasifica el desarrollo de los países según su PBI per cápita ajustado. Asume que cuanto más PBI produce, más desarrollado es. Tomo prestada la siguiente imagen de la presentación pública que hizo esta semana la ORT, para mostrar cómo es la escala:




Como vemos, Uruguay está (desde 2010) en transición entre la etapa 2 y la etapa 3, casi llegando a la 3: La frontera (arbitraria) son U$S 17.000, y Uruguay tiene U$S 16.609, como lo muestra el siguiente cuadro resumen contenido en el reporte:


 
Como vemos, el PBI per cápita ha crecido mucho (y mucho más rápido que en el promedio de la región), por lo que nos "acercamos peligrosamente" a la etapa 3. Ello implica que cuando ponderan nuestros números los pilares de Innovación y Sofisticación de los negocios pesan mucho más que antes. 
La gente de la ORT, para graficar esto, mostraba que si a Uruguay se lo evaluara como si estuviera en la etapa 2 entonces quedaría en el lugar 58 del ranking (en lugar del 80). 

De acuerdo al modelo que subyace el GCI, sin embargo, para poder sostener el ingreso per cápita de casi U$S 17.000 es necesario hacer una serie de deberes en materia de innovación y sofisticación, sin descuidar lo otro. Pero lo que nos diferencia (o nos debería diferenciar) es lo que logremos en esos ámbitos. 

En la siguiente gráfica muestro cómo han evolucionado cada uno de los tres subíndices:


Ahí vemos que estamos bien en "Requerimientos Básicos" (Instituciones, Macroeconomía, Infraestructura y Salud y Educación Primaria). De hecho este año mejoramos y estamos por el lugar 47 del mundo. Ya en lo que refiere a los "Mejoradores de la Eficiencia" la cosa es bastante más pobre, y si miramos dentro de ese índice vemos que ello se debe esencialmente a que tenemos un pésimo desempeño en la "Eficiencia del Mercado Laboral" (lugar 139 en 144 del mundo), "Desarrollo del Mercado Financiero" (87) y "Tamaño del Mercado" (donde tenemos el lugar 89 y no se debe interpretar como mercado interno, sino mercado a los que tenemos acceso).
En materia de "Factores de Innovación y Sofisticación"rankeamos en el lugar 85, y esto "tira para abajo" el ranking global.

Parece claro que el GMI, más allá de sus debilidades, es un interesante instrumento para comparar performances relativas de los países, ver en qué estamos flojos e identificar "temas candentes" para poner en la agenda de las políticas públicas.

La siguiente figura muestra cómo compara Uruguay con el promedio de América Latina y el Caribe en cada uno de los 12 pilares.



Parece clarísimo que hay algunos pilares en los que tenemos que trabajar muy fuerte, aunque más no sea para no estar peor que la región:

  • Eficiencia del Mercado Laboral
  • Tamaño del Mercado
  • Sofisticación de los Negocios
  • Innovación
Ojalá lo logremos, y no echemos simplemente la culpa al índice porque nos da mal.

miércoles, 23 de julio de 2014

Corte Electoral, Plan Ceibal, informatización de los escrutinios. Un par de reflexiones desde la Gestión de la Innovación

Los uruguayos tenemos algunos orgullos. No son pocos, pero tampoco son muy estridentes. Hay dos que, me parece, concitan bastante consenso: la seguridad de nuestro sistema electoral (aunque, a ser sinceros, ¿quién no duda de los resultados del '71?)  y la capacidad de la industria informática. Para ambos hay números y hechos contundentes que nos reaseguran que no se trata de una mera consigna de marketing.

Considerando el sistema electoral, son muy pocos los episodios donde se ha puesto en duda el resultado de las elecciones, y este sistema incluso nos sirvió para expresarle gentilmente a los militares que en vez de intentar redactar constituciones, mejor se fueran de vuelta a los cuarteles. 

Observando la industria de las TICS, las empresas uruguayas lideraron la exportación de software a nivel continental durante las primeras décadas de desarrollo de esa industria, continuamos teniendo muy buena reputación como país al respecto, e incluso hace apenas una semana la Presidencia de la República informaba que Uruguay ocupa el primer puesto de América Latina en gobierno electrónico

¡Qué curioso resulta entonces, que tengamos tantos problemas para informatizar el proceso electoral! 

Uno observa el barrio y percibe que países como Brasil y Venezuela, para los cuales este proceso es mucho más complejo que aquí, tanto por su dimensión geográfica como por la cantidad y heterogeneidad de electores, lo han logrado. Y si hay quejas por la transparencia del proceso electoral, ellas parecen centrarse en otros temas, no vinculados con la tecnología. 

Ya se está volviendo tan indefendible que el fantástico sistema electoral uruguayo para seguir siendo fantástico debe resignarse al papel, el lápiz y la máquina de escribir, que hace unos años se ha comenzado tímidamente a probar la utilización de computadoras. Despacito, y con cuidado. 

En un gesto de arrojo, para las elecciones internas (estas últimas, sí, las de 2014) la Corte Electoral decidió contar los votos por computadora. No hay mucha información disponible sobre cómo es la organización interna de la Corte, pero aparentemente ésta no tiene mayores capacidades internas de desarrollo de sistemas informáticos. Su contacto con "las computadoras" es a través de un acuerdo del año 2003 con la UTE.
tomada de aquí

No sé si este es el mismo acuerdo que está vigente ahora, pero el asunto es que, según se escucha en la radio, la Corte Electoral habría contratado a CONEX (una repartición de UTE que tiene su web en revisión y se define como "la unidad especializada a través de la cual UTE brinda sus Servicios de Asesoramiento y Consultoría a otras organizaciones de Uruguay y el mundo" ) para que informatizara el proceso. 

Así resuelta la cuestión del software, se decidió utilizar las computadoras del Plan Ceibal para el ingreso de datos en cada circuito. Era una buena solución desde el punto de vista del uso de los recursos, a la vez que -seguramente sin proponérselo- recordaba a los votantes que existe el plan Ceibal, uno de los buques insignia del primer gobierno del FA (seguro que también es pura coincidencia, pero no puedo evitar algo de suspicacia pensando que a la noche, luego de volver de votar, nos enteraríamos que también los abuelos tendrán tablets si el Dr. Vazquez llega nuevamente a la Presidencia).

En fin, el asunto es que este acuerdo Corte Electoral - UTE -Conex - Plan Ceibal no generó precisamente un sistema perfecto, y a las 24 horas de cerrados los circuitos todavía no había datos oficiales.  

Tanto la corte y sus funcionarios como el Plan Ceibal quedaron con sus respectivas imágenes un tanto maltrechas (si bien Brechner salió rapidito a aclarar que había sido un gran éxito de las Ceibalitas). Escuchar o leer las declaraciones de los jerarcas de la Corte fue un poco triste, es evidente que no tienen buenos asesores y no se han preocupado mucho por entender todo esto de la tecnología. El asunto es que para conformar a todos los partidos en relación a la informatización de las elecciones nacionales de octubre próximo, la Corte llegó a un acuerdo para usar las Ceibalitas como máquinas de escribir, imprimir las actas, llevarlas (supongo que a caballo o a lo sumo en bicicleta) a centros de concentración de datos, donde nuevamente se digitarán en los sistemas informáticos centralizados de la Corte. 

Brechner, enojado con esta barbaridad (y legítimamente preocupado por dejar la imagen pública de las Ceibalitas a expensas de gente tan poco instruida en materia tecnológica) decidió que así no juega, y declaró a Búsqueda: “Para terminar un formulario a mano, imprimirlo y mandarlo a digital, nos parece que no tiene sentido postergar la entrega de esas máquinas a los estudiantes”.

En resumen, parece que el país orgulloso de su "cultura digital", primero en el continente en cuanto a "gobierno electrónico", modelo en materia de seguridades del proceso electoral, gestionará sus elecciones como lo hacía hace 100 años. 

Cabe preguntarse, ¿qué decisiones y circunstancias llevaron a esta situación?
Aclarando una vez más que no manejo otra información que la que nos aportan los medios, me atrevería a señalar las siguientes causas como coadyuvantes para este desenlace poco feliz:


a) Estrategia País
¿Por qué es importante este tema? Se trata de una cuestión meramente de automatización del proceso electoral, o tiene otras implicancias? Me parece que los distintos actores del "Uruguay digital" - como por ejemplo AGESIC, CUTI, el mismo Plan Ceibal - fracasaron (o no intentaron) en poner este proyecto tecnológico como estratégico e importante para la imagen país (Como lo es el propio plan Ceibal, o la Trazabilidad).






b) Estrategia de la Corte Electoral
¿Qué papel juega la informática en relación a las actividades clave de la Corte Electoral? Quizá yo tenga un sesgo ingenieril cuando respondo esto, pero tiendo a pensar que el mismo que tienen los hospitales para ASSE o las escuela para la ANEP. Ésta, sin embargo, no parece la visión dominante en la Corte, que al parecer históricamente ha abordado este tema recurriendo a capacidades externas, como las de Conex o del Plan Ceibal.




c) Organización
Esto está íntimamente ligado a lo anterior. Si la Corte no percibe a la Tecnología de la Información como un recurso clave, no genera capacidades internamente. Esto -al parecer- les impide generar procesos de aprendizaje internos que hagan que la organización como tal sea "tecnológicamente alfabeta" más allá de sus directores, que por su naturaleza vienen generalmente del derecho más que de la tecnología. Si existieran fuertes capacidades organizacionales en materia tecnológica, se podrían desarrollar estrategias a más largo plazo, capacitar a los directores, asesorarlos, en fin, trabajar de otra manera.

d) Gestión del proyecto con visión sistémica
Todo parece indicar que la Corte confió en que si Conex cumplía su parte, el Plan Ceibal la suya, Antel la suya (comunicaciones), los funcionarios de las mesas receptoras la suya y los funcionarios de la propia Corte la suya (centro de cómputos, etc) , todo andaría bien. Todo parece indicar que lo que falló fue sobre todo la interoperación de esos subsistemas. ¿Quién gestionaba y se hacía responsable por el correcto funcionamiento de TODO el sistema el día de las elecciones?





e) Gestión de Riesgos
Siempre existe la posibilidad de que un proyecto salga mal. Y si se trata de un proyecto de misión crítica, que involucra miles de personas, y que tiene un requerimiento enorme de oportunidad , el riesgo es grande. Para ponerlo en términos sencillos, en estos casos hay que tener un plan B. Y ello claramente no ocurrió.






Ojalá este tropezón sirva para replantear el tema en otros términos.


martes, 20 de mayo de 2014

Ahora si, Uruguay necesita un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

Uruguay viene haciendo su propio camino en ciencia, tecnología e innovación. A veces usando experiencia ajena para no repetir errores, a veces abriendo un camino propio y distinto, a veces equivocándose donde otros lo hicieron bien de entrada. Y si bien es peligroso compararse con uno mismo en el pasado -el mundo cambia, los otros juegan y evolucionan, lo que ayer era suficiente hoy es poquitísimo- creo que podemos decir que nuestro Estado ha progresado mucho en cuanto a su capacidad de promover la innovación y que nuestra sociedad ha incorporado el “ser innovador” como una característica deseable de las organizaciones y de las personas: me parece -no manejo información estadística- que hoy son mayoría los que opinan que la innovación tiene algo que ver con una sociedad más desarrollada, justa y rica. Si esto es así, se trata de un avance importante de nuestra sociedad, que nos habilita a subir un escalón, y ocuparnos de temas de “segunda generación” (¿cómo innovar?, ¿cómo lograr mejores resultados?, etc.), sin gastar energías en argumentar sobre la importancia de innovar: eso ya no se discute.


El “Uruguay Innovador” a partir de 2005
Si efectivamente estamos frente a esa nueva realidad, es pertinente plantearse si el arreglo institucional que se ha dado nuestro país para abordar estos temas es el adecuado a su estado de desarrollo actual. Repasemos lo que tenemos: en 2005, como una de las primeras medidas para avanzar hacia el “Uruguay Innovador”, se crea el Gabinete Ministerial de la Innovación (GMI), integrado por los ministros de Educación (que lo preside), Economía, Ganadería, Industria y la OPP. Posteriormente (2010) se incorporó el Ministerio de Salud Pública.
El GMI es una entidad sin presupuesto, sin estructura propia, a la que “le compete la fijación de los lineamientos políticos y estratégicos en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación”, según la ley 18.084.
Si bien no está establecido a texto expreso en la ley, y dado que el GMI es presidido por el Ministerio de Educación y Cultura, sería de esperar que la Dirección Nacional encargada de estos temas (“refundada” en 2005 como DICYT) oficiara de secretaría técnica del Gabinete. En la práctica esto no fue así (y si lo fue, no se notó), la DICYT nunca tuvo un rol relevante. De hecho, el GMI creó un “Grupo Operativo” conformado por representantes políticos de alto nivel de los ministerios que lo integraban (Fernando Lorenzo por el MEC, Amilcar Davyt, director de la DICYT, Miguel Brechner por el MIEM, Pablo Chilibroste por el MGAP y Judit Sutz por la OPP, quien fue sucedida por Edgardo Rubianes). Este equipo funcionó con dinamismo fermental, y se “autodisolvió” al comenzar a funcionar la nueva ANII, cuyo directorio fue integrado por varias de estas personas. Es importante rescatar este  “Grupo Operativo”, porque marca el comienzo y el final de la capacidad del GMI de elaborar política más allá de la coyuntura.
En 2006 se redimensiona el CONICYT y un año más tarde encontramos la innovación institucional más importante: la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, ANII. La ANII es una persona pública no estatal, con un directorio honorario de 7 miembros, uno por cada uno de los ministerios integrantes del GMI original y dos representantes designados por el CONICYT.
Estas reformas institucionales fueron acompañadas de un incremento importante de los recursos destinados a CTI, buena parte de los cuales son gestionados por la ANII y la convierten rápidamente en un actor relevante y bastante conocido y reconocido dentro de la escena nacional.    
En sus primeros años de funcionamiento, entre otras muchísimas actividades, la ANII articula la elaboración de un Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCTI).
En los años siguientes no se han realizado nuevas innovaciones desde el punto de vista institucional. La ANII continúa funcionando con vigor, y el GMI se reune poco y nada. En consecuencia, la política de CTI la define la ANII, como lo hacen los ejecutores: por la vía de los hechos, de los llamados que hace y que no hace, por la vía de los sesgos explícitos e implícitos, y por la vía de las decisiones que día a día van tomando sus cuadros directivos. Lo bueno de esto es que hay alguien que hace política y puede asignar recursos, lo menos bueno es que este actor no está diseñado para eso, sino para instrumentar políticas. No tiene una perspectiva de mediano plazo, no tiene control parlamentario, no tiene diálogo con los ministerios. En suma, otra vez nos falta una entidad que piense y diseñe estrategias nacionales de CTI.


Redoblando la Apuesta  
Creo que ha llegado el momento de que Uruguay tenga un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.  
Las razones que me hacen llegar a esta conclusión son las siguientes:
  • Hay agenda suficiente: actualmente, con Uruguay en la transición de una economía basada en la eficiencia a una basada en la innovación, existe una serie de cuestiones que es necesario abordar al más alto nivel: incentivos para innovar, cómo orientar la investigación científica hacia problemas nacionales, cómo manejar la propiedad intelectual, cómo introducir la innovación dentro de la administración pública, etc.
  • Un lugar para “el alter ego innovador” del presidente: como lo demuestra la comparación internacional, tras los procesos de desarrollo exitosos existe casi siempre un liderazgo claro y lúcido, ejercido por el jefe de gobierno o alguien de su entorno inmediato y que cuenta con su apoyo incondicional. Si ha de surgir alguien con ese perfil, es muy bueno que esté al más alto nivel, que integre el Consejo de Ministros, y que tenga una investidura institucional acorde con los desafíos que tiene por delante.
  • Un dinamizador del GMI: la experiencia con los Gabinetes Ministeriales no ha sido particularmente fecunda. Puede afirmarse que su impacto ha sido entre escaso y nulo, dependiendo ésto fundamentalmente de que existiera algún ministerio que asumiera el liderazgo y fuera reconocido por los demás. En el área de innovación, el MEC no ha sido nunca un referente. Su vinculación al tema tiene raíces históricas (por el lado del desarrollo de la ciencia), pero no es un interlocutor reconocido para los actores vinculados a la innovación. Por otra parte, según lo anuncian todos los partidos, en los próximos años el MEC tendrá un papel relevante en una eventual reforma de la educación, y no parece conveniente asignarle funciones tan relevantes y tan diferentes en forma simultánea. Los ministerios sectoriales (MGAP, MIEM, Turismo) atienden por definición a una parte de la cuestión; el Ministerio de Economía tiene una agenda suficientemente cargada como para que cualquier tema que se agregue sea sólo “otro tema”, y la OPP no logra -al menos no lo ha logrado en la última década- ser un ámbito con la jerarquía y peso político como para aspirar a liderar en el multifacético tema de la innovación (en el trabajo que escribimos en 2004 para el BID “Ciencia, Tecnología e Innovación en Uruguay: diagnóstico, perspectiva y políticas”, coordinado por Luis Bértola,  vislumbrábamos a la OPP como el articulador natural por la transversalidad del tema). La existencia de un Ministerio de CTI rompería la simetría en el GMI lo que, a la vista de los magros resultados de los “gabinetes simétricos”, podría ser la clave para que este organismo de coordinación transversal realmente adquiriese relevancia.
  • Un lugar donde evaluar el presente y pensar el futuro: hay razones de peso para que los ministerios existentes tengan mirada corta: ¡su función es que el país funcione ahora! Y si bien ello no tiene por qué excluir una mirada más larga, la práctica muestra que es casi inevitable quedar preso de los problemas del presente. Un ministerio de CTI podría recibir el mandato expreso de ocuparse del futuro, siendo el órgano del Estado en donde se concentran las capacidades de analizar la realidad y las tendencias económicas, sociales, tecnológicas y se detectan tempranamente desafíos y necesidades. Quizá, con capacidades técnicas e institucionales adecuadas y liderazgo político podemos aspirar a que nuestro país explicite su Plan o Estrategia de Desarrollo, con amplio respaldo político y social.   
  • Un puente entre educación y competitividad: Si bien el Estado tiene bien definido quién se encarga a nivel del Poder Ejecutivo de las cuestiones de Educación y quién se encarga de los temas de Competitividad, parece existir una distancia muy grande entre ambos mundos. Es necesario un actor que esté permanentemente mirando la sintonía entre los esfuerzos que el país hace para formar a su gente y los requerimientos del mundo del trabajo, presentes y futuros.

No pretendo que la única respuesta a los desafíos o problemas planteados sea la creación de un ministerio. Menos aún, que alguno de los temas mencionados se resuelva automáticamente con la creación del nuevo ministerio. Mi punto es que, al día de hoy, la existencia de este hipotético Ministerio de CTI permitiría al Estado dar un paso relevante en su permanente tarea por concebir y lograr un país más desarrollado.

lunes, 11 de enero de 2010

Iniciativas Cluster: Qué pasa al sacarles el pulmotor?

Terminó 2009, y terminó también el programa de cooperación de la EU con Uruguay llamado PACPYMES, que permitió poner en marcha y avanzar en la dinamización de 8 iniciativas cluster en Uruguay (y algunas cosas más!).
Los primeros cluster promovidos fueron identificados durante la formulación del proyecto (allá por 2003-2004).   Quedó escrito en el convenio entre Europa y Uruguay que habrían de apoyarse iniciativas cluster de:

  • Agroindustria en San José y Colonia
  • Forestal - Maderero - Celulosa en Fray Bentos
  • Turismo en Maldonado
  • Logística y Transporte en Montevideo
  • Ciencias de la Vida en Montevideo
Cuando comenzamos a ejecutar el proyecto, observamos algunos problemas en algunas de estas "apuestas", y finalmente terminamos promoviendo

  • Quesería Artesanal en San José y Colonia (FOCALIZANDO en una cadena !)
  • Una Iniciativa de Desarrollo Económico Local en Fray Bentos (No había cluster!)
  • Turismo en Punta del Este (FOCALIZANDO Geográficamente!)
  • Logística y Transporte en Montevideo
  • Ciencias de la Vida en Montevideo
A mediados de 2007, se realizó una segunda selección de iniciativas cluster. Allí se desarrolló un enfoque metodológico que pretendía juntar la voluntad expresa de los actores principales de un territorio/cadena de valor, con un análisis de pertinencia y potencialidad. De este riquísimo proceso, surgieron tres nuevas iniciativas:

  • Turismo en Rocha
  • Industria Naval en Montevideo
  • Hortifruticultura en el Litoral Norte (que en los hechos trabajamos luego como Horticultura por un lado y Citricultura por otro).
El tiempo de trabajo fue, en los casos más "viejos" de 3 años y 5 meses.
Hoy se acabó el subsidio de la Unión Europea, y ¿qué quedó?
Seguramente no es muy objetiva mi opinión, siendo el director de PACPYMES (me comprometo a poner links en este blog a los informes de evaluación que vayan realizando expertos independientes). No obstante, me animo a hacer algunas afirmaciones, que quizá dan pie para futuros comentarios en este blog:


  • Logramos (junto con los amigos del PACC) que el concepto de "cluster" se comience a utilizar, discutir, internalizar en el país. 
  • Mostramos en una serie de casos, la importancia de hacer un esfuerzo público-privado por acordar una visión y una estrategia para una cadena de valor en un territorio determinado. 
  • Descubrimos que no hay UNA receta para dinamizar clusters. Hay algunas ideas que funcionan mejor que otras, algunas "buenas prácticas", y luego, cada caso es único y requiere de mucha creatividad para llevarlo adelante. 
  • Armamos un equipo de gente, algunos de ellos trabajando en el territorio, otros desde el "backoffice" del programa, que conoce de estos temas, que dialoga con empresarios, con funcionarios de gobierno y oficinas nacionales y regionales, que articulan, que consiguen resultados. 
  • Comprobamos que si el jerarca sectorial NO QUIERE iniciativa cluster, tiene mil formas de lograrlo. Vean sino, lo que sucedió en el caso del Cluster de Logística y Transporte (la iniciativa que pintaba como más promisoria de todas a fines de 2006),
  • Comprobamos que la visión compartida moviliza y mucho. 

Y un montón de cosas más que voy a ir compartiendo con ustedes en las próximas semanas

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Uruguay en el Global Competitiveness Index 2010

En estos días han aparecido los datos para este año del "Global Competitiveness Index" (GCI) del Foro Económico Mundial y el "Doing Business" del Banco Mundial.
Los resultados que obtiene el país son, al menos en una primera mirada, contradictorios: mientras que en el GCI avanza 10 lugares, pasando del lugar 75 al 65 en un ranking de 134 países (y obtiene el mayor avance de todos los países de américa latina), en el ranking que realiza el Banco Mundial pasa del lugar 109 que tenía el año pasado al lugar 114 (en un total de 183 economías).
La lectura cándida es, entonces, que "Uruguay se volvió más competitivo y un peor lugar para hacer negocios" durante este período.
Veamos estos Rankings con más cuidado, para intentar aprender más de ellos y explicar esto que aparece como una contradicción.

Global Competitiveness Index

El GCI es presentado anualmente por el “World Economic Forum”, y se ha convertido en un instrumento de benchmarking ineludible para analizar la trayectoria competitiva de las naciones. Su objetivo es proveer un panorama holístico de los factores críticos para la productividad y la competitividad.

Define la competitividad como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país. La premisa sobre la que se basa el GCI es que el nivel de productividad, a su vez, establece el nivel sostenible de prosperidad que puede alcanzar una economía. En otras palabras, economías más competitivas tienden a ser capaces de producir mayores niveles de ingresos para sus ciudadanos.

El nivel de productividad también determina las tasas de rentabilidad obtenida por las inversiones en una economía. Debido a que las tasas de rendimiento son los factores determinantes fundamentales de las tasas de crecimiento de la economía, una economía más competitiva es aquella que es probable que crezca más rápido a mediano y largo plazo.

A los efectos de obtener un índice que incorpore esa mirada holística, el WEF ha identificado 12 “pilares de la competitividad”. Asimismo, ha comprobado que ellos pueden agruparse en tres categorías que son de diferente grado de trascendencia según el nivel de desarrollo en que se encuentre una nación:




Es así que el GCI se construye como una suma ponderada de índices que se calculan para cada uno de los pilares. Para contemplar los diferentes estados de desarrollo, los factores se ponderan distintos según el nivel de desarrollo de un país. Por ejemplo, para un país cuya economía está centrada en los factores naturales, se ponderará más la estabilidad macroeconómica (requerimiento básico) que la eficiencia del mercado de productos (mejorador de la eficiencia).

A la hora de clasificar los países según su nivel de desarrollo, el WEF utiliza el PBI per cápita como único criterio. Quizá pueda argumentarse que se trata de una simplificación excesiva, pero también existe abundante evidencia de que en el largo plazo, existe una estrecha correlación entre nivel de desarrollo e ingreso per cápita.

Según los rangos de ingresos, se clasifica a los países en las siguientes categorías:

  • Estado 1: "Determinado por los Factores" <>
  • Transición 1 a 2: Entre U$S 2000 y 3000
  • Estado 2: "Determinado por la Eficiencia" Entre U$S 3000 y 9000
  • Transición 2 a 3: Entre U$S 9000 y 17000
  • Estado 3: "Determinado por la Innovación" > U$S 17.000 GPD per cápita
Uruguay se encuentra, en el Ranking 2009-2010, en el lugar 65, clasificado como en transición 2 a 3. Esto implica una mejora importante con respecto al año anterior, donde estaba en el lugar 75 y en el Estado 2. Estos cambios motivaron, incluso, que Uruguay tuviera un párrafo en el reporte "Country Highlights", que habitualmente lo ignora:

Uruguay, at 65th and up 10 places from last year, presents the largest improvement in the region. It has made significant progress in various areas, including infrastructure, macroeconomic stability, higher education and training, and technological readiness. The country’s development model and competitiveness strategy rest on a continuous emphasis on education at large (ranked 52nd for health and primary education and 50th for higher education and training), and it has among the best regional public governance standards (39th for public institutions). Strides toward macroeconomic stability have also been made in recent years, notably with a significant reduction of public debt levels in the last few years (reduced from 116.51 percent of GDP in 2006 to 53 percent in 2008).Widespread rigidities in the factor markets remain a cause of concern, especially in the labor market (119th), but also, to a lesser extent, in the financial (88th) and goods (78th) markets.

La evolución de la ubicación de Uruguay en el Ranking en los últimos años, se muestra a continuación:

AÑO

2007

2008

2009

2010

POSICIÓN EN EL RANKING GCI

73

75

75

65

Requerimientos Básicos

61

58

57

49

Instituciones

42

46

45

40

Infraestructura

58

64

69

66

Macroeconomía

109

99

104

78

Salud y Educación Primaria

59

58

54

52

Mejoradores de la Eficiencia

73

82

83

82

Educación Superior y Capacitación

55

67

62

50

Eficiencia del Mercado de Bienes

116*

73

79

78

Eficiencia del Mercado Laboral

116*

89

106

119

Sofisticación del Mercado financiero

116*

89

88

88

“Technical Readiness”

63

67

64

51

Tamaño del Mercado

116*

89

91

88

Factores de Innovación y Sofisticación

80

86

82

77

Sofisticación de los Negocios

80

86

85

85

Innovación

74

80

77

67

Se observa:

a) En materia de "requerimientos básicos", Uruguay se encuentra bien (es decir, por encima de su posición relativa global) y mejorando: figuraba en el lugar 59 el año pasado, y ahora está en el lugar 47. Significativamente importante es la mejora en materia macroeconómica, lo que no hace otra cosa que reflejar que los efectos de la crisis 2002-2003 comienzan a desaparecer. Como señala el WEF, el impacto de la deuda externa disminuyó sustancialmente en los últimos años.

b) En materia de "Mejoradores de la Eficiencia", Uruguay se encuentra mal (en el lugar relativo 82, es decir, tira para abajo la posición del país en el ranking global) y estable. Mirando los diferentes pilares, se observa que disminuye aún más en términos relativos la Eficiencia del Mercado Laboral (baja 13 lugares), y esto se compensa con mejoras a nivel de la Educación Superior y Capacitación (sube 12 lugares) y "Technical Readiness" (sube 13 lugares). Estos pilares deberían ser abordados como centrales por cualquier política de fomento de la competitividad. En particular, los referidos al mercado financiero y de trabajo.

c) En materia de "Factores de Innovación y Sofisticación", Uruguay se encuentra regular (en el lugar 77) pero ha mejorado 5 lugares con relación al año previo. Se observa que permanece en el lugar 85 en materia de sofisticación de los negocios (un tema preocupante, abordado en el comentario anterior de este Blog) pero subió 10 lugares en materia de Innovación, lo cual es una excelente noticia.

Resulta interesante comparar las "telas de araña" 2009 y 2010 para Uruguay:



Vemos aquí que, entre las economías con competitividad determinada por la eficiencia, Uruguay aparecía, en 2009, en el promedio o por sobre el promedio. Para hacer un simil futbolístico, podría decirse que "estábamos entre los primeros de la divisional C".

En 2010 ascendimos: jugamos en la divisional "transición de determinado por la eficiencia a determinado por la innovación". Esto es, en sí mismo, una buena noticia. Se observa, también, cuáles son los pilares en los que estamos por debajo de los de nuestra divisional, y cuáles son los que representan fortalezas relativas.

En síntesis, de acuerdo al Indice Global de Competitividad, Uruguay dió pasos importantes en el último período. ¡Y sigue habiendo mucho por hacer!